La naturaleza de la realidad
[Se recomienda la lectura tranquila y en profundo recogimiento,
para así poder realizar vivencialmente todo lo que se comparte]
[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]
La Verdad suprema es lo que somos, nuestro Ser, nuestra
Divinidad, nuestra auténtica realidad.
Más allá del pensamiento, de las percepciones
sensoriales, de cualquier perspectiva, opinión o creencia.
Más allá incluso de cualquier estado mental.
La Verdad absoluta no se restringe por lo tanto a
ninguna mirada.
Es cuando ceso de mirar hacia fuera... y me vuelvo
dentro, que realizo como no hay dentro ni fuera, entrada ni salida.
La pura Verdad es de naturaleza inmutable.
[Minutos de autoescucha en el
silencio del Corazón]
La verdad relativa por contraste es lo que sentimos en
un momento dado. El sentido que le damos a nuestra existencia y a nuestro
caminar. Ella no tiene un significado único. Cada uno actúa tal cual siente. Cada
persona es un mundo.
No hay un sentir por lo tanto bueno ni malo, correcto o
incorrecto... aunque lo crucial es ser fiel a Uno mismo.
¿De qué nos sirve encarnarnos aquí sobre la Tierra si no
es para manifestar el completo potencial de nuestra genuina Divinidad?
[Minutos de autoescucha en el
silencio del Corazón]
Por lo que resulta esencial la autoindagación:
¿Quién soy yo realmente?
¿Lo que siento proviene de mi sabio Corazón o proviene
de una resistencia encubierta?
¿Cómo detecto si un pensamiento es transparente?
[Minutos de autoescucha en el
silencio del Corazón]
Cuando lo que siento proviene del sabio Corazón quizás
primero me siento incómodo... debido a una renuncia necesaria, quizás tuve que
realizar un gran sacrificio en mi camino o incluso mis seres queridos no me
apoyan en absoluto.
Pero a largo plazo vivo la ligereza y la paz del Uno
supremo. Porque fui honesto conmigo mismo.
[Minutos de autoescucha en el
silencio del Corazón]
Mientras que si actúo desde la resistencia ocurre justo
lo contrario. Quizás al principio estoy muy aliviado porque he podido liberar
una tensión temporal, quizás todos me aprueban... pero luego siento una
intranquilidad, una pesadez que no me permite volverme de lleno a la Paz
auténtica del Corazón.
[Minutos de autoescucha en el
silencio del Corazón]
Darme cuenta de si me estoy traicionando o no... precisa
de gran valentía.
Porque la mente egocéntrica, la mente que es reactiva...
ella no va a permitir que la descubramos de frente.
Ella se protege mediante excusas o motivos que parecen
muy lógicos, convenciéndonos así, de este modo que es nuestra "voz"
franca, cuando no es el caso.
[Minutos de autoescucha en el
silencio del Corazón]
Cuando vivo una incomodidad que perdura... es que hay todavía
una huída inconsciente.
Detectar estos autosabotajes tan sutiles... tan solo
podemos hacerlo si estamos sedientos de encontrar la Verdad.
Únicamente si vamos a por todas, sin reservas.
[Minutos de autoescucha en el
silencio del Corazón]
Reconozco al Ser infinito. Me ofrezco a la Vida ilimitada.
Me rindo, absolutamente... a este Espíritu eterno.
Lo doy todo... en pensamiento, sentimiento y acción.
Entrego la persona y sus adherencias.
Me dejo hacer... me dejo respirar por la Vida, en
Verdad.
[Minutos de autoescucha en el
silencio del Corazón]
La Realidad suprema funde al
objeto y al sujeto en Uno.
Todo evento o hecho al que le
atribuyo un contenido, aquello que percibo como aparentemente muy objetivo
depende siempre de mi mirada... y no puede ser la Verdad absoluta, tal cual constatamos
en la introducción.
Lo que yo soy no se puede
reducir a ninguna parte del Todo pese a que incluye cualquier parte.
Las interpretaciones y los
contenidos son muy válidos, ellos son muy respetables cuando resuenan conmigo...
si soy fiel conmigo mismo, a mi leal sentir.
Pero están en el ámbito todavía de una verdad relativa, por lo que en cualquier instante pueden fluctuar.
Ellos son de naturaleza
mutable a diferencia de lo Real, que es inmutable.
Si además me engancho a estas
percepciones... si no las quiero soltar cuando es necesario, entonces se
convierten en un apego.
Mi mente queda atrapada en sus
enfoques. Y esto me estanca a nivel mental.
Son las habituales
proyecciones y estereotipos de la sociedad actual.
[Minutos de autoescucha en el
silencio del Corazón]
Mientras que un Corazón emancipado no se cierra a
ninguna posibilidad.
Él está abierto a lo que surja, disponible para lo que
surja... por muy irracional e ilógico que parezca, en apariencia.
La paradoja de la mente racional es que cuanto más
aprende, cuanto más conocimiento acumula... más le cuesta también soltar a las
memorias, desprenderse del apego a ellas.
La mente cultivada se olvida progresivamente del
autoconocimiento fresco de la infancia... de lo original, de lo inédito, de lo
imprevisible.
[Minutos de autoescucha en el
silencio del Corazón]
En resumen, los nombres y las formas pueden ser
interesantes en apariencia, aunque no siempre acompañan al sabio sentir.
Es imprescindible por lo tanto ante la duda comprobar en precisión como...
Cuando algo resuena en mí... el cuerpo se expande y la
mente se vuelve liviana.
Cuando algo no resuena en mí... hay una contracción
física y una tirantez mental.
Confirmo aquí lo que siento.
[Minutos de autoescucha en el
silencio del Corazón]
Entrego por lo tanto el constante titubeo a Ser yo mismo...
a lo qué dirán los demás.
Me concedo espacio para el Silencio interno,
para autoescucharme...
para sentir en profundidad.
Me muestro tal cual soy, guste o no.
[Minutos de autoescucha en el
silencio del Corazón]
Tal cual comentamos en anteriores entradas del blog... nada
ni nadie puede engañar a nuestro sabio Corazón, si lo escuchamos atentamente.
Investiguemos pues lo siguiente:
¿Me concedo el suficiente espacio para recogerme?
¿Puedo observar a la persona, como ella actúa, desde la
neutralidad?
¿Me quedo tranquilo o me precipito... en cada paso?
¿Me atrevo a detenerme o bien emprender lo que sea...
cuando hace falta?
¿Puedo contemplar asimismo al observador de la persona?
¿Puedo ver lo que soy, como si fuera un objeto?
¿Quién soy yo en esencia?
¿Cuál es la naturaleza de la realidad?
[Minutos de autoescucha en el
silencio del Corazón]
Nosotros no podemos comprender la última realidad.
Solo podemos reconocer lo que ya somos y siempre fuimos.
Ver y Ser se convierten en lo mismo cuando lo realizamos en humildad.
Nos convertimos nosotros mismos en la Verdad perenne e
imperecedera.
Del Corazón Uno al Corazón Uno
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