La fusión con el Uno... ¿de qué huyo sin darme cuenta?




[Se recomienda la lectura tranquila, pausada, sentida... con el fin de poder interiorizar los contenidos]

[El mensaje a continuación expone unos temas delicados para el alma humana, que van subiendo de tono... ellos son cada vez más penetrantes, a medida que avanza el texto]

[No debes tomar tales indicaciones como defectos o en el sentido de que haces algo "mal" sino que]

[Te invito a reconocer antes de la lectura, a la armonía y completitud que ya Eres en tu real Divinidad]

[Déjate pues inundar por la Gracia y salta de lo personal a lo Absoluto... para que así contemplemos a dichos contenidos con una mirada despejada, inocente]

[Esta entrada simplemente nos anima a refinar la manifestación de nuestra Divinidad mediante numerosas posibilidades que surgen]

[Toma exclusivamente lo que conecta contigo, aquello que te empodera y desecha el resto]

[Guarda el mensaje si así lo sientes]

[Al tratarse de unos temas que oscilan de lo más universal hasta lo más específico, para cada nueva lectura se te abrirán inesperados matices]

[Gracias por acudir a esta entrada]

[Te amo]

 

Hoy profundizamos agudamente en tres obstáculos habituales para el buscador: el miedo a la soledad, el miedo a depender y el miedo de abandonarse.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Sea cual sea mi posición, mientras huya de lo que sea a nivel interno, pese a que no me percate de ello...

Mientras ignore reconocer en profundidad a cualquier posición que surja espontáneamente en mi camino tendré entonces que vivir por entero a esa polaridad.

Para así poder realizar efectivamente la completitud de lo que soy. Que incluye cada experiencia y va también más allá de toda experiencia.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Lo que yo soy en verdad no se limita a nada conocido.

Nuestro Ser no se restringe a ninguna persona ni a ningún mundo ni a ninguna mirada.

Pero eso no impide que pueda ser vivido cualquier rol cuando éste es requerido, cualquier parte, cualquier posición que surja.

Así pues, todo nombre y forma al que se precisa acceder en un momento dado... debe ser naturalmente aceptado, honrado, integrado y trascendido.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Yo soy pues también la maravillosa danza de la Vida.

Yo soy el todo y la nada. El conjunto de las partes, cualquiera de ellas y ninguna.

Mientras huya de la persona, o de la no persona, entro en proyección y pierdo a la preciosa transparencia de Ser.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

La fusión en el Uno es extremadamente sencilla.

Al entregarme con total franqueza a la Vida...

Desaparezco en ella, desaparezco en el "otro", desaparezco en cada forma de la creación donde todo ya es Uno.

Mi pequeño "yo", el "colectivo" y el "juntos" también desaparecen.

Y pese a ello siguen ahí cuando la existencia precisa jugar con cada parte, con cada personaje.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Aunque en verdad no hay más relación ni causalidad ni dependencia posible entre las partes... en lo Absoluto que nosotros somos, en nuestra suprema Realidad.

En la Realidad última no hay más nada.

No hay por lo tanto ninguna palabra que pueda describir a lo que Es.

Solo puedo entregarme a lo que Es. Solo puedo vaciarme en lo que ya Es y siempre fue.

Pero para realizar esta auténtica naturaleza que verdaderamente somos hace falta primero vivir en profundidad: la relación y la dependencia, la fusión y la autonomía.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

¿Acepto depender del "otro" cuando es necesario?

¿Qué significa para mí una "relación"?

¿Me permito del mismo modo vivirme a mí mismo, siendo fiel a lo que siento... a cada experiencia que surge en mí, por muy vergonzosa que me parezca?

¿Le dedico suficiente espacio a la soledad?

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Ahora bien, en lo que respecta a la relación...

La mente condicionada tiene miedo de la dependencia porque lo asocia forzosamente con algo negativo cuando no tiene que ser así.

Tenemos a una dependencia sana y a otra que nos es perjudicial en un momento dado.

La sana dependencia con un alma pura nos lleva a la autonomía real, a no tener ya más sujeción con el "otro" cuando devenimos el Uno atemporal, que todos nosotros ya somos de hecho.

Un sabio genuino no va a permitir jamás que te apegues a él. Una mujer y un hombre realizados nos devuelven a la Libertad real, aquella que mora más allá del nacimiento y la muerte.

Su fusión nos disuelve, nos hace morir a las ilusiones, en Vida.

Por eso los grandes sabios siempre fueron tan amados y a su vez tan repudiados por algunos. Porque la mente egocéntrica no puede soportar a su propia muerte.

El sabio no "hace" nada a nivel personal, él es solo un catalizador cuando la entrega es honesta e íntegra.

Él nos recuerda lo que ya somos y siempre fuimos. Nos invita a reconocerlo en plena rectitud.

      

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Otro aspecto del miedo a depender radica en que vemos al prójimo como algo ajeno cuando no es así.

El otro soy Yo en esencia. El mismo Ser, la misma Fuente de la existencia.

Como hay, tal cual se mencionó, una dependencia sana y otra nociva... ahora tan solo me queda por discernir:

¿Lo que recibo resuena conmigo o no es para mí en este momento?

Cuando algo resuena en mí... entonces mi Corazón sensato me guía de algún modo a vivirlo. Hay algo que debo aprender o recordar del "otro".

Cuando algo resuena en mí... si soy capaz asimismo de constatar como el "otro" no es una persona entonces veo al Maestro que habita en cada uno de nosotros como a mi propio Ser en verdad, como a mi Yo real hablándome transparente a mí mismo, desde otro estado de consciencia.

El maestro externo y el interno se vuelven entonces iguales.

En conclusión, es la propia Realidad de mi auténtica naturaleza la que me abraza y revela a lo que Soy.

La inmanente Fuente que ya soy me encuentra y me embelesa del éxtasis de la Vida.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Un niño aprende a caminar y necesita hacerlo en solitario para devenir autónomo pero también necesita puntualmente de la manos ya experimentadas de la madre y el padre que lo acompañan.

El ser humano es ese "niño" ignorante que se alza orgulloso de ser "tan libre", tan "despierto y maestro de sí mismo".

Un niño que se vanagloria de su ilimitado poder para "volar" cuando ni siquiera está dispuesto a gatear en la simple autoindagación del Sí mismo.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Porque no se atrevió aún con todas sus fuerzas. Porque le falta constancia en ir más allá de la mente racional, al autoindagar en Sí mismo.

Porque carece de la valentía para soltar lo que aún le retiene... ahuyentando así el sufrimiento inmediato, sin percatarse todavía de que su demora le provoca mucho más dolor.

Porque no detecta a sus prejuicios, a sus creencias automatizadas, en especial aquellas más tenues... escondidas en el recóndito subconsciente de la psique humana.

Puesto que si su autoescucha fuera franca, si ella fuera de todo corazón, completa y veraz... entonces sentiría fácil como las resistencias le poseen.

Porque tiene asimismo miedo de depender cuando resulta espontáneamente necesario...

Puesto que todos nosotros dependemos los unos de los otros inevitablemente...  a diferentes niveles, desde lo más denso hasta lo más sutil, dentro de la manifestación.

¿Puedes hoy aceptar esto?

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

No nos sirve que afirmemos que "solo hay el Ser" si todavía no se admite a cada sombra que acontece.

Tanto la dependencia como la independencia entre las partes de lo que percibimos debe ser atendida.

Mientras haya carencia y proyección ellas deben ser afrontadas e incorporadas por cada uno de nosotros.

La teoría del Uno supremo que se propone es justa.

Ella puede ser un buen punto de partida... para el reconocimiento de lo que somos.

Pero es la práctica efectiva lo que nos interesa, en el día a día, si la entrega es genuina.

Porque el Uno supremo no es un concepto ni es una teoría bonita a considerar.

El Uno supremo es lo que somos en verdad.

Así que debo detectar:

¿Con qué barrera me estoy topando?

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

La Vida nos pide observar cada reto para superarlo y darnos cuenta de como, en efecto, lo que yo soy no se limita a ninguna parte ni a ninguna relación.

Ni siquiera se limita a ninguna experiencia, por muy trascendental que ésta sea.

El descubrimiento de lo que somos no se puede tampoco reducir a ningún estado de la mente ni dimensión... por muy libres que éstos nos parezcan.

Aunque primero debo atreverme a vivir cada experiencia que la Vida me trae... en perfecta hondura. Desde aquella más terrenal hasta la más incorpórea.

Porque si mi entrega es parcial no podré integrarla en Verdad. Será una simple conjetura que me estanca a experimentar lo mismo una y otra vez.

Son los habituales bucles de la búsqueda.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Lo he confirmado solo a nivel mental, pero no al nivel del alma, ni del cuerpo ni atravesé la experiencia por entero.

¿Cómo puedo saber por lo tanto si dicha experiencia se consumó?

Cuando se repite y ya no afecta más al cuerpo, mente y alma.

Cuando la observo desde la neutralidad y aquello observado se borra espontáneamente.

Pues el reconocimiento íntegro de lo que soy desvanece a la experiencia personal.

Ella ya no tiene más poder sobre mí porque me percato vivencialmente de que es un fantasma.

Entonces sí que puedo confirmar honestamente que "solo hay el Ser".

Pero no antes.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Aunque el buscador no tiene en verdad miedo de perderse en el "otro". Ese es el miedo susurrado por la astuta mente egocéntrica.

De lo que tiene miedo en efecto es de perderse ante el abismo insondable del Ser.

El miedo capital reside siempre en uno mismo. El mayor enemigo es siempre uno mismo.

Es el miedo a Ser y todas sus consecuencias irreversibles para la personalidad.

Es el miedo a perecer... en el Uno absoluto.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Es obvio que todos tenemos temores, dudas, debilidades...

La clave está en si nos permitimos que nos dominen.

¿Creemos en dichas limitaciones?, ¿nos atamos a ellas... o ya no nos afectan más?

Y para realizar lo que somos conviene afianzarse por entero en el Ser de la manera que resulte más adecuada para cada uno.

Entrego mi persona y todo aquello que más valoro al Infinito. Aquello que tanto deseo... incluso la propia realización en el Sí mismo.

La propuestas que os ofrecí en este blog son: la autoescucha profunda y la Presencia continua para la vida cotidiana.

Me abrazo, me amo, me doy en completitud...

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Abrazarse a Uno mismo y abrazar al "otro" se vuelve lo mismo en esencia. Porque no hay más "otro" en verdad.

La Vida nos invita a fluir según nos dicta el Corazón honesto... sin oponer más resistencia a ninguna posición que naturalmente surja en nosotros.

Ya sea ésta la experiencia desde "mi propia alma" o la empatía en la aparente "alma ajena", ya sea el "alma del colectivo" o el "alma del maestro" donde todos nos fundimos en Uno.

O bien quizás nos vivimos todavía como "juntos".

O ya sea mediante la total disolución donde ya no hay más alma ni proyección posible.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Pero si estas reflexiones se quedan únicamente en el ámbito intelectual no nos permiten la plena realización de lo que somos. Incluso nos alejan de ésta.

Para reconocer nuestra Divinidad hay que atreverse y perseverar. Mediante la diáfana firmeza. Lo hemos mencionado en incontables ocasiones.

Autoindago, investigo... experimento por mí mismo.

No tengo que hacer nada en particular pues ya soy lo que soy. Me quedo tranquilo, conmigo mismo, receptivo a lo que ya Es aquí, en el conciso ahora.

La mente dual baja entonces al Corazón sentido.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Doy un paso firme... donde se integra ese divagar constante e intelectual dentro de las redes sociales, repitiendo sin cesar a las citas de célebres nombres.

Ya no me limito más a los textos. Puedo acudir a ellos si hace falta... pero la manifestación de nuestro divino Corazón los desborda por completo.

Porque las referencias, por muy elevadas que ellas sean, se vuelven demasiado limitantes ante la grandeza colosal del Verbo presente... que es la voz de un Corazón emancipado.

Palabra del silencio, palabra que emerge directa de la misma Fuente que todos nosotros somos.

O bien el Verbo presente fluye mediante el silencio de la palabra... colmado de Vida, de Gracia, de Plenitud arrolladora.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Me autoescucho primero en la certeza del gran Espíritu.

Acallo el pensamiento, la mirada...

Ya no me baso más tan solo en los libros ajenos de grandes maestros sino que también leo y escribo efectivamente mi propio libro sagrado.

Soy un testimonio vivo, directo del Corazón Uno. Soy el mensajero y el propio mensaje.

Mi Presencia es la constatación que me autoriza a transmitirlo desde la transparencia, porque lo soy en Verdad, porque lo he realizado y porque lo he transitado antes, en Verdad.

Simplemente Soy. Sin más añadidos. Nosotros somos lo que somos.

Y esta autenticidad íntegra... el alma sincera la nota porque siente la Paz serena, ella capta como vuelve gentil a la Paz del Corazón eterno.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Por eso te digo que en verdad nadie puede engañar a tu sabio Corazón, si lo escuchas atentamente.

Y no hace falta pensar tanto mi bella dama y caballero de la Eternidad...

¿Lo que recibes te devuelve a la ligereza, a la alegría del Amor divino?

¿O te llena de pesadez?

Puede vivirse quizás una intensa agitación en algunos casos, cuando se requiere liberar los bloqueos...

Pero luego, ¿cómo te quedas?

Confirmas en carne propia a la Paz sin límites.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Confirmas como la Presencia no necesita demostrar nada a nadie.

Como el "hecho" probado está en todo paso que deriva de ella.

Como la acción aparente para unos ojos se valida o no, según cada mirada.

Ya sea la acción material o inmaterial... para cada aliento.

Donde me dejo respirar por la Vida y cesa el cambio.

Por esa radiación que rebasa el umbral de lo percibido.

Y en la consciencia sin más hálito revelo a la gran Obra.

En la sublime Vacuidad... sin más radiación.

Así constato... a la gesta del "no hacer" cuando hace.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Muchas de las resistencias más comunes que surgen en los buscadores son debidas a que no se indagó lo suficiente en Uno mismo.

No me refiero tan solo intelectualmente, sino también de un modo vivencial, en sincera devoción a la Fuente.

Y la Presencia del mentor capacitado nos devuelve a la Dicha de lo que somos cuando la capitulación al Ser es noble. Cuando ella es pura.

Cuando ya no busco más obtener un beneficio...

Sino que disfruto en apertura ardiente a como la propia Vida me halla.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

El mentor genuino no va a caminar por nosotros pero nos impulsa. Él es ese dador del Silencio que lo facilita, que lo intensifica en gran medida.

Incluso a través de sus palabras porque ellas están repletas en todo momento de VIDA, de VERDAD sencilla... que nos apunta de inmediato al Ser.

Mientras que al mismo tiempo nos permite aligerar los pesos.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Cada cual entonces vive los retos que tiene que vivir... pero desde la Paz, desde la Fuerza interna y la Calma inherente en la Consciencia Una.

Todos nosotros somos estos maestros y alumnos, los unos de los otros cuando nos entregamos humildes a la Fuente...

Y todos nosotros somos también unos eternos aprendices porque la creación siempre nos ofrece excitantes novedades en las formas a las cuales nos debemos adaptar.

Hasta que ya no hace falta más a ningún maestro ni alumno, ni siquiera a una enseñanza.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Luego, en el trabajo con Uno mismo...

Necesito también interiorizar lo que vivo, recogerme como decíamos en el silencio de la mirada... abandonar las incesantes distracciones que nos presenta la sociedad actual.

¿Me abro a darme en todo lo que se requiere?

¿Quién soy yo en esencia?

¿Me permito vivirme, dedicando el tiempo suficiente a la íntima soledad?

¿Quién es el hacedor de "mis actos"?

¿Me permito asimismo realizar cada posición que surge?

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Cuando hace falta "pedir" por ejemplo.

Cuando me abro a "dar" o a "darme".

Cuando me permito el "recibir".

Cuando es conveniente depender del "otro".

Cuando me retiro para "autoabastecerme"...

Cuando me equivoco... una y otra vez.

¿De qué posición huyo todavía?

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Cuando afirmo igualmente que: "busco tal o cual cosa".

O que: "ya no busco, ya no quiero más tal o cual cosa".

Cuando me siento protector o protegido.

Invencible o vulnerable.

Cuando muestro el Amor vigoroso o el Amor suave...

En mi expresión masculina y en la femenina.

En la intención y en la no meta.

En la organización de lo que sea y en su ausencia.

En el abrazo a Uno mismo y a los demás.

En la soledad y en la compañía.

En el cuerpo y en el no cuerpo.

En la persona y en lo impersonal.

En la acción y en la inactividad.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Siempre que me afronto en definitiva a mí mismo... cuando aparece una dificultad.

¿De qué posición huyo todavía sin darme cuenta?

¿Acepto mi grandeza en el Espíritu perenne?

¿Me doy también permiso para ser frágil cuando es oportuno?

¿Puede la seguridad constante ofrecerme todo aquello que en verdad necesita mi alma?

¿Preciso de más o de menos intensidad?

¿Reconozco lo suficiente a mi Fuerza interna?

¿Me estoy acomodando o quizás estoy forzando a la entrega?

¿Necesito más cielo o más tierra en mis ocupaciones cotidianas?

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

¿Soy capaz de advertir las tenues trampas que tiende aquella mente que se considera tan "espiritual"?

¿Puedo ver a ese ego tan "espiritual" que se siente muy poderoso... pese a que no renuncia jamás a sus adhesiones?

¿Cuál es aquella posición inadmisible, aquella que me incomoda, aunque sea levemente, y que todavía evito?

¿Muestro gratitud auténtica ante la Vida, cuando sucede lo que tanto me desagrada?

¿Me dejo guiar por el Maestro interno para darme un empujón?

¿Y por uno "externo" cuando es conveniente?

¿Puedo sobrepasar a las prejuiciosas etiquetas acerca del "dentro" y del "fuera"?

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

¿Tengo el coraje de ahondar en mis flaquezas?

¿Cuándo me concedo la oportunidad real de pararme, o bien de activarme, por completo?

¿Me permito fallar, acepto equivocarme con facilidad?

¿Me perdono por lo sucedido, para así poder perdonar?

¿O quizás me hace falta mucha más disciplina en mi trabajo interno?

¿Me río de mí mismo, soy cariñoso con mi propia persona?

¿Puedo captar la huída sutil y encubierta de la personalidad cuando me hace creer que me he atrevido a comprobar todo lo necesario?

Pero luego en realidad, desde la calma existencial...

Mi sabio sentir me indica con vehemencia que no es el caso... que me urge profundizar mucho más en el aquí y ahora.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

¿Pronuncio pues un sincero "sí" ante todo lo que me trae la Vida?

 

Sea la Gracia del Amor libre,

Alem

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