Observo a los pensamientos desde la quietud interna




Se recomienda la lectura tranquila, vivencial, sentida.

Los códigos vibrales a continuación nos pemiten afianzar el total reconocimiento de lo que efectivamente Somos.

Y la fusión sublime de nuestros corazones... proporcionando entre todos una mayor estabilidad a nuestro campo electromagnético humano o aura, cuando se requiere.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Observo los pensamientos

desde la quietud del Corazón...

desde la Paz perpetua.

 

Me doy cuenta de que

no estoy limitado a la mente...

que no soy esos pensamientos

que vienen y van.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Las dudas, la emociones, cada experiencia

es por completo recibida, honrada...

pero no me pertenece,

y del mismo modo que llegó

la dejo marchar igualmente.

 

Todo lo ajeno discurre ante mí

como una proyección y

tan solo me enfoco en el Ser.

 

Solo hay el Ser,

solo este Amor divino

en verdad.

 

Nada más.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Las influencias de los "otros",

las corrientes temerosas...

pasan de largo cuando ya no resuenan más

con mi sabio sentir.

 

Me escucho pues en profundidad,

me abro a lo que soy,

a la Vida infinita.

 

A esta Fuerza espontánea de la Naturaleza

que ajusta todo lo necesario...

que balancea los opuestos,

que se deja traspasar.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Por la mirada limpia

donde cada objeto se vuelve Uno,

donde el personaje entrega sus vestiduras.

 

Hágase en mí la Voluntad real

de la Fuente que soy...

y no los impulsos vacilantes de

la mente dividida.

 

Que mi devoción a la Vida

me devuelva a la Vida misma,

más allá del recelo.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

En la acogida del Uno atemporal,

a través del Sol...

de la Madre Tierra,

y de la entera Humanidad.

 

Siento, visualizo, compruebo como

la Luz blanca, inmaculada...

me inunda en fusión.

 

A mi cuerpo y

con el resto de seres humanos.

 

Y de mi hara,

ese punto crucial de la estabilidad,

dos dedos por debajo del ombligo...

 

Se traza una ancla fuerte al centro de la tierra

y otra ancla perfecta que me sujeta al sol.

 

En liviana alineación

de mi cielo y tierra.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Sostengo y suelto.

 

Sustento y me dejo disolver...

en armonioso equilibrio

del arriba y del abajo.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Cualquier tensión que aparece

es inmediatamente rendida

a la Fuente de Vida

que somos realmente.

 

Donde todo es Uno,

donde somos esta Belleza del Espíritu.

 

Embriaguez del asombro...

sin límites, sin condiciones.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Realizo la Fortaleza de

nuestra rendición sincera.

 

Me dejo respirar por

la Intensidad desmedida...

 

De nuestra naturaleza divina.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Aquí solo yace el Ser y

nada más que el Ser ubicuo,

omnisciente.

 

Consciencia de la consciencia.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Autoconocimiento del saber,

en Plenitud...

en Gracia.

 

Acogida constante a

esta Delicadeza preciosa.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Latido sin latido.

 

Nuestro velo ya realizado.

 

Por la sencillez,

por la hondura,

de la Joya que

penetra cada célula...

hasta lo más denso.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Inevitable devenir.

 

Arrojo perenne

al Canto supremo.

 

Dicha inefable...

 

Verbo absoluto

del poeta que tú eres...


Ya embelesado.

 

[Minutos de autoescucha en el silencio del Corazón]

 

Tu paso es entonces el mío...

 

Cuando te confías...

 

Sin restricciones...

 

A la Entereza universal.

 

Del Corazón Uno al Corazón Uno

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