La fe en la mente pura, por Jianzhi Sengcan
El "Hsin Hsin Ming" que significa "La fe en la mente pura", también conocido como "El libro de la nada", es un poema del tercer patriarca zen chino Jianzhi Sengcan (siglo VI dC) ofreciendo consejos prácticos para la gran Vía o sendero de la autorrealización.
La gran Vía no es difícil
para aquellos que son ecuánimes y no juiciosos.
Cuando sueltas el apego y el deseo
ella se revela por sí misma.
Sin embargo, haz el más mínimo veredicto...
y entonces el cielo se separa de la tierra.
Si deseas encontrar la Verdad
no emitas a favor ni en contra de nada.
Sujetarse a una atracción o aversión
vuelve la mente enferma.
Y cuando no se entiende
el significado profundo de las cosas
la paz de la mente se pierde.
La Vía es perfecta y completa
como el vasto espacio...
con nada que falte, con nada superfluo.
Es sólo tu preferencia o rechazo de las cosas
lo que impide ver su real naturaleza.
Sé sereno en la unidad
y tales puntos de vista erróneos
se disipan ellos mismos.
Cuando intentas detener la acción
para lograr la quietud
ese mismo esfuerzo te llena de acción.
Mientras permanezcas en un extremo o en otro,
nunca conocerás la gran Vía.
Aquellos que no viven en la sencillez del camino
caen tanto en la actividad como en la pasividad...
tanto en la afirmación como en la negación.
Rechazar la realidad de las cosas
o reivindicar el vacío de las cosas...
es perder su naturaleza.
Cuanto más hables y pienses en ello,
más te desvías de la Verdad.
Deja de hablar, de pensar tanto
y entonces no hay nada que no puedas saber...
en el silencio de la Vía.
Volver a la raíz es encontrarte...
mientras que perseguir las apariencias
es perder tu propia Fuente.
La realización va más allá
de la forma y el vacío.
Los cambios que parecen ocurrir
en el mundo engañoso
se llaman reales debido a la ignorancia.
No busques ahí la verdad...
y cesa de abrigar las posturas.
Abandona el estado dual,
evita tales inclinaciones con esmero.
Si incluso hay un rastro de esto o aquello,
de lo correcto y lo incorrecto...
la mente se perderá en la confusión.
Aunque todas las dualidades provienen del Uno,
no te apegues ni siquiera a la unidad.
Cuando la mente no está
perturbada en la Vía...
nada en el mundo la puede ofender,
y cuando una cosa ya no puede ofenderte,
deja de existir a la antigua usanza.
Puesto que si ya no surgen
más pensamientos discriminatorios...
entonces la obsoleta mente se extingue.
No puede haber sujeto sin el objeto,
ni objeto sin el sujeto.
El sujeto engendra al objeto...
por eso cuando el objeto cesa
el sujeto también.
Comprende la relatividad de ambos
y su origen en la cohesión del vacío.
Pues en este vacío los dos son indistinguibles
y cada uno contiene en sí mismo la totalidad.
Si no discriminas entre esto y aquello...
¿cómo ser tentado por el prejuicio?.
Vivir en la gran Vía
no es fácil ni difícil.
Pero aquellos con vistas limitadas
son temerosos e irresolutos,
cuanto más se apresuran, más despacio van...
Si te apegas a la realización
vas por mal camino e imaginas una distancia.
Quien se aferra a la búsqueda jamás lo conseguirá.
Permite en cambio que las cosas sean tal cual son
y no habrá ir ni venir.
Sigue la cadencia de la gran Vía
y caminarás libre de molestias.
Mas cuando el pensamiento te esclaviza
la verdad está oculta...
porque todo es turbio.
La práctica onerosa de juzgar
conlleva desorden y cansancio.
¿Qué beneficio se puede obtener
de los apegos, de las aversiones?.
Si deseas fluir en la gran Vía
no tengas desagrado ni siquiera por
el mundo de las apariencias.
De hecho, aceptarlas completamente
sin juicio ni opinión...
es la verdadera realización.
El hombre sabio no se ata a las ideas
mientras que el hombre necio se encadena a ellas.
Hay un solo Dharma y no muchos...
las distinciones surgen de las necesidades
a las que el ignorante se aferra.
Confiar en la mente limitada
para hallar la Verdad
es el mayor de todos los errores.
El sosiego y la inquietud surgen
también del pensamiento...
pues en la realización no hay gusto ni disgusto.
Todas las dualidades provienen
de las inferencias ignorantes
y como sueños de flores en el aire
tontos son aquellos que intentan atraparlas.
Ganancia y pérdida, correcto e incorrecto...
tales pensamientos finalmente
deben ser abandonados.
Si los ojos nunca duermen
todos los sueños cesarán...
Cuando la mente no discrimina
entonces las cosas son tal cual son,
en la misma esencia de la unidad.
Para comprender el misterio de esta esencia única
debes ser liberado de todas las ataduras.
Cuando cada cosa se ve ecuánime
se alcanza el sustrato atemporal.
No hay comparaciones o analogías posibles
en dicho fundamento sin causa, sin relación.
Se contempla el movimiento en la quietud
y la quietud en el movimiento...
donde tanto el movimiento
como la quietud desaparecen.
Cuando tales dualidades dejan de existir
la unidad misma tampoco existe
pues en la última realidad
no se aplica ninguna regla o descripción.
Para la mente unificada de acuerdo con la Vía
todo esfuerzo egocéntrico cesa.
Las dudas e irresoluciones perecen
y la vida en la verdadera fe es posible.
En un certero instante
somos liberados de la esclavitud,
nada se apega a nosotros
y nosotros no nos apegamos a nada.
Todo permanece vacío, lúcido, autoiluminado...
sin que la mente ejerza más su poder.
Aquí el pensamiento, el sentimiento,
el conocimiento y la imaginación no tienen valor.
En tal naturaleza de la esencia
no hay yo ni otro que no sea yo.
Entra de lleno en esta realidad,
donde no hay separación ni nada excluido.
No importa cuándo o en qué lugar...
la realización significa morar en esta verdad
más allá del tiempo y el espacio...
donde lo eterno está en cada momento.
Ni aquí ni allí...
sino en todas partes
como en ninguna...
la verdad está siempre
en tu mirada.
Ya sea ella infinitamente grande
o infinitamente pequeña,
no hay diferencia...
porque las definiciones han desaparecido
y no se ven los límites.
Cuando descubres que no hay más ser ni no ser,
existencia ni no existencia...
sueltas las dudas y los argumentos
que intentan captar lo inefable.
El Uno en todo y todo en Uno...
se mueve, se entremezcla
sin reclamar distinciones.
Vivir en esta realización
deja atrás la ansiedad por
lo perfecto e imperfecto.
Vivir en esta fe es el camino...
donde la mente rendida se funde
en lo Absoluto.
Y ante este Uno indivisible
¡qué son las palabras!
La gran Vía mora más allá del lenguaje...
pues en ella no hay ayer,
mañana ni hoy.

Comentarios
Esta lectira és maravillosa, i nuestra mente taaaan tozuda !!!!!
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